Tiempo hace desde mi último encuentro con Marit... Mucho tiempo ya....
Este escrito será el último para ti, mi dulce. En realidad, todo mi diario está lleno con tu nombre y algunas palabras que lo rodean... Sueños... Recuerdos... Mi vida contigo, nuestras aventuras juntos... Y nuestras desventuras. Dos almas, una vida.
Desde que nos separamos, han pasado muchas cosas... Muchísimas. Mi última aventura está aún en curso... Nunca pude despedirme antes de partir a las tierras del norte... No tuve el valor.
Después de ti, me sentí perdida. Y aún seguía buscándome cuando alguien se puso en contacto conmigo, con una suculenta misión que ofrecerme: un viaje a las tierras del Norte. Algo que, como ya sabes, siempre quise.
Bueno, mi pequeña, qué contarte? Esto es muy frío, aunque la gente no lo es tanto. Estoy haciendo nuevos contactos, gente que me ayuda en mis misiones, gente que me ayuda a encontrarme. Actualmente convivo con un bardo y su pareja, aunque nos dejarán pronto. También estoy con un draenei guerrero con 375 en cocina, y un humano guerrero también con 350 en ingeniería. Pero nadie es tú... Nadie podrá jamás ocupar tu lugar, mi pequeña. Ojalá pudieras ver esto, apuesto que te gustaría más que nada... Este habría sido nuestro sitio: una ciudad grande, como a ti te gusta, cerca de una tundra, de una playa, de un bosque, y de una montaña, como a mí me gusta.
Aquí estoy aprendiendo mucho: estoy aprendiendo el extraño idioma que se habla por aquí en el norte, y muchas habilidades sociales, ya sabes que nunca fue mi fuerte. Estoy también probando nuevas profesiones, algo que siempre me recomendaste hacer. Y, ciertamente, no me gustan, aunque debo subirlas un poco antes de continuar mi adiestramiento en ingeniería. Como druida sin embargo, he perdido gran parte de mis habilidades, sustituidas por el poder de la plaga. Sí, mi pequeña, nunca te dije nada... ahora soy uno de los comandantes de Arthas. Y te envié desde aquí a Isolde para cuidar de ti, para asegurarme de que nunca te pasase nada. Aunque falló su misión. La memoria nunca olvida, pero yo olvidé lo que debía hacer, y es por ello que te peredí. Ahora, en este infierno, rodeado de cadáveres, lamento tu ausencia, y lloro cuando pienso que nunca volveré a verte... Ni a saber de ti, ahora que Isolde ha vuelto a mí en forma de no-muerto.
Aún conservo esa máquina de guardar imágenes que me diste aquel último día que te vi, y te enviaría alguna de los campos en que trabajo, pero, créeme, mejor te ahorro el disgusto... El lugar donde trabajo no se parece a la ciudad donde vivo.
Siento aquel acto de cobardía que me condenó.
Siempre tuyo: Darkalun