lunes, 17 de marzo de 2014

Memorias de Darkalun

Tiempo hace desde mi último encuentro con Marit... Mucho tiempo ya....

Este escrito será el último para ti, mi dulce. En realidad, todo mi diario está lleno con tu nombre y algunas palabras que lo rodean... Sueños... Recuerdos... Mi vida contigo, nuestras aventuras juntos... Y nuestras desventuras. Dos almas, una vida.

Desde que nos separamos, han pasado muchas cosas... Muchísimas. Mi última aventura está aún en curso... Nunca pude despedirme antes de partir a las tierras del norte... No tuve el valor.

Después de ti, me sentí perdida. Y aún seguía buscándome cuando alguien se puso en contacto conmigo, con una suculenta misión que ofrecerme: un viaje a las tierras del Norte. Algo que, como ya sabes, siempre quise.

Bueno, mi pequeña, qué contarte? Esto es muy frío, aunque la gente no lo es tanto. Estoy haciendo nuevos contactos, gente que me ayuda en mis misiones, gente que me ayuda a encontrarme. Actualmente convivo con un bardo y su pareja, aunque nos dejarán pronto. También estoy con un draenei guerrero con 375 en cocina, y un humano guerrero también con 350 en ingeniería. Pero nadie es tú... Nadie podrá jamás ocupar tu lugar, mi pequeña. Ojalá pudieras ver esto, apuesto que te gustaría más que nada... Este habría sido nuestro sitio: una ciudad grande, como a ti te gusta, cerca de una tundra, de una playa, de un bosque, y de una montaña, como a mí me gusta.

Aquí estoy aprendiendo mucho: estoy aprendiendo el extraño idioma que se habla por aquí en el norte, y muchas habilidades sociales, ya sabes que nunca fue mi fuerte. Estoy también probando nuevas profesiones, algo que siempre me recomendaste hacer. Y, ciertamente, no me gustan, aunque debo subirlas un poco antes de continuar mi adiestramiento en ingeniería. Como druida sin embargo, he perdido gran parte de mis habilidades, sustituidas por el poder de la plaga. Sí, mi pequeña, nunca te dije nada... ahora soy uno de los comandantes de Arthas. Y te envié desde aquí a Isolde para cuidar de ti, para asegurarme de que nunca te pasase nada. Aunque falló su misión. La memoria nunca olvida, pero yo olvidé lo que debía hacer, y es por ello que te peredí. Ahora, en este infierno, rodeado de cadáveres, lamento tu ausencia, y lloro cuando pienso que nunca volveré a verte... Ni a saber de ti, ahora que Isolde ha vuelto a mí en forma de no-muerto.

Aún conservo esa máquina de guardar imágenes que me diste aquel último día que te vi, y te enviaría alguna de los campos en que trabajo, pero, créeme, mejor te ahorro el disgusto... El lugar donde trabajo no se parece a la ciudad donde vivo.

Siento aquel acto de cobardía que me condenó.

Siempre tuyo: Darkalun

lunes, 24 de septiembre de 2012

Un vistazo al pasado.

Antes de que podáis entender en su plenitud de lo que os hablo, tendríais que ver dónde he nacido. Tendríais que ver como el sol se filtra entre las innumerables hojas de los centenarios árboles y notáis como la tierra de despereza debajo de vuestro cuerpo. Notarla vibrar, respirar y moverse lentamente, tan lentamente.

No tengo imágenes de mi tierra, apenas un par, desde que empecé mis andaduras al servicio del Rey Varian no tuve tiempo de pasar mucho tiempo en Teldrassil con los artilugios de los gnomos (algunos son fascinantes, de verdad), pero en cierta ocasión, un gnomo que no tenía oro para pagarme mis servicios, me pagó en especias y entre esa enorme montaña de cosas que dejó en mi habitación de la posada, había un cachivache que me permitía capturar las imágenes que veía.



La guardé en la mochila sin darle más importancia, y por mano del creador, volví a mi cuna, volví a disfrutar de la sombra de mi arciano favorito. El Rey me mandó a Teldrassil a llevarle las nuevas a los elfos del concilio, para que le ayudaran a decidir ciertos asuntos de palacio. Me pregunto desde cuando los humanos le piden consejos a los elfos... y estos contestan antes de que pase un lustro.

Volver fue fácil, pero a la vez doloroso. Todo me recordaba a él, cada camino, cada árbol, cada escondite desde el que acechábamos a nuestras presas, probando las enseñanzas que nuestros maestros nos enseñaban. Siempre teníamos graves problemas cuando se nos acercaban demasiado, él era tremendamente malo con su bastón y he de decir que mi arco desde cerca tampoco no servía para demasiado...

Daría todo mi oro y mis pocas posesiones por poder volver a esas épocas, por ser joven e inocente, por volver a tenerle a mi lado... 



domingo, 23 de septiembre de 2012

Ausencia.

Lamento mi ausencia por estas tierras, la maldita plaga de Arthas ha tomado el control de varias zonas de Azeroth y llevo días luchando sin descanso. Malditos no-muertos... por muchas flechas que les claves, por muchos zarpazos de mi fiel Requiem, nunca se acaban. Siempre hay más plaga, siempre, siempre... Realmente es agotador.

Estoy algo preocupada por Isolde, llevo días sin saber de ella, esta maldita campaña me ha tenido incomunicada, ni un solo glifo he visto desde Ventormenta, nadie a quien pedir buenas nuevas. La última vez que la vi, entramos en la ciudad de los gnomos. Malditos parias, gnomos del demonio. Todo lleno de sus cachivaches metálicos, todo lleno de trozos de aviones y entrañas robóticas. Logramos salir sanas y salvas de allí, espero que a los enanos del distrito les sirvan las piezas que rescatamos, porque no pienso volver a exponer a Isolde a un peligro así.

Más tarde nos mandaron a Bosque del Ocaso, fue cuando empecé a tener noticias de que la Plaga se estaba moviendo y volviendo a infectar zonas enteras. Tenéis que ver el Bosque... la posada ha pasado a llamarse Villaoscura, siendo tal la oscuridad que reina sobre el poblado. Los agentes de Ventormenta patrullan temerosos y asustados y apenas se ven almas por el pueblo. Tenemos que acabar con esto. Ya no solo son los no-muertos que se han apropiado de los cementerios, nos han traído a hombres lobo, fuertes y musculosos, sin temor del fuego del hombre.

Esto debe de acabar, la maldad de ese muchacho autoproclamado rey está llegando demasiado lejos, aún cuando sus famosos Caballeros de la Muerte ya no son más que la sombra de lo que eran.

Voy a ir a Ventormenta, a ver si encuentro a Isolde antes de que parta hacia alguna misión.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Primer encuentro con La Plaga

La jornada de hoy ha sido más bien corta... En Villaoscura se rumoreaba acerca de unos muertos que caminaban, supongo que por efecto de Arthas. Me han pedido liberar el alma de Morgan Ladimor... no ha sido fácil volver con su señora y contarle el deplorable estado en que estaba su animado cadaver, y menos aún contarle cómo ha quedado después de enfrentarse a mi cólera. No hay algo que me repugne más que los muertos que caminan.
Hoy apenas he contado con la ayuda de Marit, mi amiga y confidente. Parece que últimamente prefiere prescindir de las aventuras que vivimos juntas. Echo mucho de menos su compañía y su experiencia, aunque supongo que esto forma parte de mi entrenamiento. No siempre podré estar a expensas de alguien.
Bueno, ha llegado el momento de guardar mis ropas de cuero por unos días. Ha sido una jornada dura, y creo que con mi recompensa podré vivir unos días tranquila... Unos días de paz en mi pequeña guarida en el Claro de la Luna. Quizá allí pueda meditar con calma...
Quizá allí...

lunes, 17 de septiembre de 2012

La ciudad de los gnomos

Gnoméregan. La ciudad de los ingenieros, de los exiliados gnomos que ahora comparten capital con los enanos en la majestuosa Forjaz.
Con ayuda de Marit, hoy me he dispuesto a explorar cada rincón de la laberíntica Gnoméregan. Y así lo hemos hecho.
Muchas han sido las dificultades que hemos tenido que salvar, incluso yo misma he estado al borde de la muerte más de una vez. Y todo... por unas míseras piezas para los ingenieros gnomos de Forjaz... para que puedan recuperar el que una vez fue su bastión de fusibles, cables y tarjetas perforadas que otorgan acceso a las diferentes estancias.
Y os digo que enfrentarse a un robot que te dobla el tamaño no es tarea fácil. Aun con la fuerza de un oso, la agilidad de una pantera y el poder de la Luna, salir victoriosos de tamaña empresa ha sido todo un logro.
Por otra parte, he de decir que hemos obtenido unas jugosas recompensas, y un buen montón de oro, necesario para proseguir nuestras aventuras.
Hoy somos un poco más sabias, un poco más viejas y un poco más expertas.

Noticias.

Parece ser que el destino desea seguir jugando conmigo. Después de todo este tiempo, después de tantos años, el tiempo vuelve a traerme su recuerdo. Vuelve a traerme su sonrisa, su risa, su ceño fruncido mientras estudiaba los misterios de la naturaleza, su mal humor cuando no fue admitido en la universidad de Dalaran.

En un cruel o intencionada curva de la vida, me he encontrado con su primogénita. Quién lo iba a decir, tuvo una hija... No supe nada más de él después de que decidiera unirse a las tropas de Arthas, pero gracias a ella he conseguido atar muchos cabos y llenar grandes lagunas. Aunque la verdad es que no estoy segura de querer revivirlo...sigue estando demasiado presente en mi memoria, es una herida que aún no se ha cerrado.

Por lo que me ha contado, después de unirse al ejército de Arthas, abandonó el camino de la vida para dedicarse a la muerte, a través de las artes profanas, sangrientas y de escarcha pasó a ser uno de los comandantes del ejército de los no-muertos, pero le costó algo más que sus enseñanzas, le costó su naturaleza, su alma, incluso su nombre. Cambió hasta de nombre... normal que no pudiese encontrar información sobre él después de que acabara la guerra, le busqué desde Teldrassil a Tanaris, desde Quel'Thalas a Bahía del Botín, incluso volví a aventurarme a través del Portal Oscuro, pero no encontré ni una sola alma que hubiese visto a un druida a favor de Arthas.

No estaba entre los renegados que se exiliaron en Shatratth, no estaba en su hogar, no estaba en ninguna parte... al final, destrozada y resignada, decidí que era mejor dejar la búsqueda. Decidí que si se unió a ese ejército del mal era porque yo no le importaba lo suficiente, así que no tendría que pasarme los días y las noches buscandole, no merecía la pena.

Ahora paso mis días vagando por las tierras de nadie, buscando alguna distracción que ofrecerle a mi cerebro, pero no parece que funcione. Me iré a Ventormenta, a ver si encuentro a su hija. La ayudaré a subir de rango en este ejército de mercenarios, le vendrá bien algo de ayuda. Y quién sabe, quizás me entere de algunas cosas más...

domingo, 16 de septiembre de 2012

Nacimiento: Marit

Hace ya muchos años desde que vi las elegantes y frondosas tierras de Teldrassil por primera vez. Aún recuerdo cuando recorrí por primera vez el camino que me llevó a Dolanaar, esperaba ansiosa tener la edad mínima para que mi instructor me mandara buscar a la que sería mi compañera de viaje. No sé si os lo he dicho, soy una cazadora de la aldea, reclutada por el ejército de la Alianza para proteger Darnassus.

Estuve años protegiendo sus caminos, ayudando a los indefensos y manteniendo a las arpias a raya, pero llegó un momento en el que mi vida cambió. Conocí a otro elfo, uno de los iluminados por la naturaleza, un druida. Era joven e intrépido, sin miedo a lo que había más allá del portal, su entusiasmo me cautivó y decidí salir del que había sido mi hogar. Nos fuimos juntos hacia Ventormenta, para ponernos al servicio del Rey Varian, pero fuimos tratados como mercenarios sin corazón. Vagamos de gremio en gremio, conociendo a grandes personas de todas las razas, he de reconocer que la primera vez que vi a un draenei en persona no pude evitar reírme, ¡tienen un acento tan gracioso!

Estuvimos años vagando por las largas y extensas tierras de Kalimdor y Reinos del Este, incluso fuimos de los afortunados que cruzamos el portal oscuro para luchar por nuestro bando en Terrallende, pero esas fueron otras épocas... Podría pasarme horas contándoos las aventuras que vivimos, los lazos que nos unían, las largas batallas contra la Horda, que terminaban en incontrables bajas, pero nosotros siempre sobrevivíamos. Pero, ¿para qué? Él ya no está, las aventuras acabaron y ahora solo soy una mercenaria que vaga de gremio en gremio buscando un trabajo por unas pocas monedas de oro.


Nacimiento: Isolde

Aún recuerdo cuando aprendía las enseñanzas druídicas. Aunque mi padre, el gran Darkalun se puso al servicio del Rey Exánime, aún recordaba algunas cosas de su pasado.
Me enseñó el arte de la transformación, a extraer energía de la naturaleza, cómo sanar a la gente... Pero todo eso fue antes de dejarse atraer por el poder profano, antes de convertirse en poco más que un cadaver, de cambiar su nombre, de dejar que el escarchado poder de Arthas helara sus lágrimas, lágrimas derramadas por amor. Sí, por amor. Marit. Ella fue su amada, aunque nunca llegó a decirle nada. Creyó que la senda de la sangre, de la escarcha y de lo profano no era vida, si es que se puede llamar vida, para una elfa tan refinada, y a la vez una cazadora tan fiera. Pero eso forma parte del pasado.
Yo crecí en Teldrassil, y allí me instruí como druida, perfeccionando mis poderes. En el Claro de la Luna aprendí más formas, y más hechizos lunares. Y aún sigo recorriendo el mundo y aprendiendo la senda del druida, siempre con Marit a mi lado. Juramos vengar juntas la muerte de mi padre, y derrotar a Arthas. Y aquí comienza mi aventura junto a ella, nuestro camino hacia la venganza.