En un cruel o intencionada curva de la vida, me he encontrado con su primogénita. Quién lo iba a decir, tuvo una hija... No supe nada más de él después de que decidiera unirse a las tropas de Arthas, pero gracias a ella he conseguido atar muchos cabos y llenar grandes lagunas. Aunque la verdad es que no estoy segura de querer revivirlo...sigue estando demasiado presente en mi memoria, es una herida que aún no se ha cerrado.
Por lo que me ha contado, después de unirse al ejército de Arthas, abandonó el camino de la vida para dedicarse a la muerte, a través de las artes profanas, sangrientas y de escarcha pasó a ser uno de los comandantes del ejército de los no-muertos, pero le costó algo más que sus enseñanzas, le costó su naturaleza, su alma, incluso su nombre. Cambió hasta de nombre... normal que no pudiese encontrar información sobre él después de que acabara la guerra, le busqué desde Teldrassil a Tanaris, desde Quel'Thalas a Bahía del Botín, incluso volví a aventurarme a través del Portal Oscuro, pero no encontré ni una sola alma que hubiese visto a un druida a favor de Arthas.
No estaba entre los renegados que se exiliaron en Shatratth, no estaba en su hogar, no estaba en ninguna parte... al final, destrozada y resignada, decidí que era mejor dejar la búsqueda. Decidí que si se unió a ese ejército del mal era porque yo no le importaba lo suficiente, así que no tendría que pasarme los días y las noches buscandole, no merecía la pena.
Ahora paso mis días vagando por las tierras de nadie, buscando alguna distracción que ofrecerle a mi cerebro, pero no parece que funcione. Me iré a Ventormenta, a ver si encuentro a su hija. La ayudaré a subir de rango en este ejército de mercenarios, le vendrá bien algo de ayuda. Y quién sabe, quizás me entere de algunas cosas más...
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