lunes, 24 de septiembre de 2012

Un vistazo al pasado.

Antes de que podáis entender en su plenitud de lo que os hablo, tendríais que ver dónde he nacido. Tendríais que ver como el sol se filtra entre las innumerables hojas de los centenarios árboles y notáis como la tierra de despereza debajo de vuestro cuerpo. Notarla vibrar, respirar y moverse lentamente, tan lentamente.

No tengo imágenes de mi tierra, apenas un par, desde que empecé mis andaduras al servicio del Rey Varian no tuve tiempo de pasar mucho tiempo en Teldrassil con los artilugios de los gnomos (algunos son fascinantes, de verdad), pero en cierta ocasión, un gnomo que no tenía oro para pagarme mis servicios, me pagó en especias y entre esa enorme montaña de cosas que dejó en mi habitación de la posada, había un cachivache que me permitía capturar las imágenes que veía.



La guardé en la mochila sin darle más importancia, y por mano del creador, volví a mi cuna, volví a disfrutar de la sombra de mi arciano favorito. El Rey me mandó a Teldrassil a llevarle las nuevas a los elfos del concilio, para que le ayudaran a decidir ciertos asuntos de palacio. Me pregunto desde cuando los humanos le piden consejos a los elfos... y estos contestan antes de que pase un lustro.

Volver fue fácil, pero a la vez doloroso. Todo me recordaba a él, cada camino, cada árbol, cada escondite desde el que acechábamos a nuestras presas, probando las enseñanzas que nuestros maestros nos enseñaban. Siempre teníamos graves problemas cuando se nos acercaban demasiado, él era tremendamente malo con su bastón y he de decir que mi arco desde cerca tampoco no servía para demasiado...

Daría todo mi oro y mis pocas posesiones por poder volver a esas épocas, por ser joven e inocente, por volver a tenerle a mi lado... 



1 comentario: